SIN TÍTULO
CAPITULO 1 Gabriela Díaz llevaba quince minutos más de los que debía en el trabajo. A las diez terminaba su jornada, pero en la tienda nadie cuestionaba la norma no escrita: en campaña navideña el tiempo no existe y todo tiene que quedar listo para el día siguiente. A través de los grandes escaparates, la humedad se pegaba al cristal, como si el invierno quisiera entrar. Hacía apenas un mes que Gabriela había vuelto a trabajar tras diez años sin hacerlo. Cuando por fin terminaron, la tienda quedó en orden, lista para lo que venía: cientos de personas entrando como si el mundo dependiera de ello, clientes dispuestos a decorar casas ya llenas de productos, pagando precios un veinte por ciento más altos que en cualquier otro sitio, pero daba igual; la gente no venía a comprar, venía a gastar. Antes de salir, Gabriela echó un último vistazo a los pasillos iluminados y al ambiente demasiado perfecto. Todo parecía diseñado para retener a la gente un minuto más, el suficiente para que acabara...